lunes, 19 de noviembre de 2012

La hiperempatía de los borderlines

Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. (Borges)


Jorge Luis Borges escribió un cuento -que publicó en Ficciones- de un tipo que al parecer conoció en la realidad llamado Ireneo Funes y que tenia dos habilidades: una la de no haberse peleado nunca con nadie, y la segunda, saber la hora con la precisión de un reloj digital mucho antes de que se inventarán los relojes digitales.
Al parecer y según el cuento de Borges, el tal Funes, sufrió un accidente que le llevó a ampliar aun más sus prestaciones mentales con una extraña habilidad: la de recordarlo todo. Dice Borges que su memoria era infinita y que tenia una enorme profundidad aunque era “estrecha”. El caso es que el Funes en cuestión dedicó su vida -la poca que le quedó pues murió a los 21 años- a aprender idiomas, inventar un nuevo sistema de numeración que no servía para nada y cosas asi. Borges nos advierte que Funes no sabia pensar, pues efectivamente pensar es descartar.
Sin saberlo, Borges nos describe a un personaje con una facultad especial y extraordinaria que en otros aspectos era un idiota y hasta podríamos decir un “retrasado”, pues no sólo carecía de inteligencia científica o de talento artístico sino también de las habilidades prácticas de la vida. Un perfil que hoy no tendriamos dificultad en calificar como un síndrome de Asperger o un síndrome del espectro autista. Se trata de esas personas que han sido descritos con el nombre de “savants”, sabios idiotas, pues aunque han desarrollado extraordinariamente ciertas facultades mentales -memoria, calculo, musicales- son absolutamente incapaces de darles una aplicación práctica al tiempo que se comportan como incapaces en otros aspectos usualmente sociales de su vida psíquica.
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