miércoles, 30 de enero de 2013

La Perfección Improbable.....

improbable

Es muy probable que Richard Dawkins sea uno de los mejores divulgadores de la biología evolutiva, pero si tiene este mérito es como un subproducto de otras habilidades que le sirven de lanzadera de ideas: la primera es que sabe mucho de biología y etología (su profesión), la segunda es que escribe muy bien, casi mejor que el mejor divulgador que ha existido en el mundo de la ciencia, me refiero a Isaac Asimov. La tercera es que tiene una vertiente polemista que apunta hacia una habilidad que solo poseen unos pocos: sabe polemizar sobre argumentos y no entra en las descalificaciones ad hominem salvo en clave de humor inglés con sus principales adversarios: los creyentes.
Naturalmente sus adversarios son los creacionistas, aquellos que reniegan de la teoría de la selección darwiniana, bien porque la ven como una amenaza a su religiosidad y a la creencia de que Dios y su mano se encuentran detrás de los designios de la naturaleza, o bien porque el proceso de la selección natural no haya sido bien comprendido incluso por científicos de talla.
Es por eso que Dawkins ha escrito este libro que ha titulado con el nombre de “Escalando el monte improbable”, una metáfora de esa perfección improbable que es la selección natural.
Algo tan simple y tan complicado a la vez que si usted cree que la comprende es que no ha comprendido nada.
Para empezar hay que señalar que los creacionistas tienen razón en una cosa: el azar por sí mismo no es capaz de construir un ojo, una rodilla o un enzima. Seria como esperar que tras el paso de un huracán por un hangar lleno de piezas de avión se montara un Boeing 707 a través de la aleatoriedad de las fuerzas del viento.
Es verdad, la selección natural no es aleatoria, como tampoco es aleatoria esta obra de arte colosal esculpida en el monte Rushmore y que representa a unos cuantos presidentes de los USA de America.

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