jueves, 12 de septiembre de 2013

Los errores son también motores de cambio...

ERRORE~1La asunción adecuada de los fracasos personales es fundamental, porque su presencia en nuestra vida, en mayor o menor grado, es inevitable.

¿Estamos preparados para asumir los fracasos y reaccionar adecuadamente ante ellos? Tanto los pesimistas como los optimistas, los alegres y los melancólicos deben afrontar en su vida grandes o pequeñas apuestas fallidas. ¿Cuántas parejas se hacen y se deshacen? ¿Cuántas iniciativas empresariales no se consolidan? ¿Escogimos bien nuestra profesión? Es muy común que en los intentos que hacemos por cambiar malos hábitos, como fumar, comer sin orden o mejorar nuestro comportamiento, acumulamos tentativas infructuosas.
De una u otra manera, el fracaso nos acompaña durante toda la vida a la par que lo hacen los triunfos. Sin embargo, no estamos preparados para aceptarlos. Ni la pedagogía social, ni la escolar, ni la familiar nos entrena de manera adecuada para asumir los errores (tampoco los éxitos) que cometemos. La consecuencia: no aprendemos a responsabilizarnos de ellos.
Probemos a convertir, como hacen los científicos, los fallos en motores del cambio. Sin errores no hay avance. Aprendamos, por tanto, a reaccionar de forma que también podamos sacar partido de los momentos menos satisfactorios.
Primero
Conozcamos las reacciones menos convenientes ante el error:
La consideración sistemática, en ocasiones de forma patológica, de ser responsable de todos los errores que se cometen desemboca en profundos sentimientos de culpabilidad y poca autoestima.
La creencia de que son los demás quienes tienen la culpa de los errores significa no hacerse responsable de los actos. La negación del error nos separa de la realidad y puede llevarnos a perder las riendas de la vida.
Segundo
Preguntémonos el por qué del fracaso. Un fracaso se puede producir por errores de cálculo en las propias pretensiones: se esperaba tener más capacidad de la real para conseguir la meta. Puede no haberse previsto dificultades en el entorno que podían obstaculizar los logros.
Otras personas pueden intervenir de forma deliberada para que el fracaso se produzca.
O el fracaso es una sensación personal, producto de la convicción íntima y secreta de que uno se ha decepcionado a sí mismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario