martes, 21 de enero de 2014

El cerebro femenino extremo: el emotivismo radical.

gordon
Sigmund Freud no vio en todas su carrera a ninguna anoréxica y sin embargo su opinión sobre la causa de esta enfermedad ha operado como una verdad paradigmática para varias generaciones de psicólogos y psiquiatras. Opinaba Freud que lo que le pasaba a la anorexica era un “rechazo inconsciente de la femineidad”, un argumento que tiene sus equivalentes en el mito de la “puella aterna” (la doncella eterna), posteriormente desarrollado por algunos psicoanalistas.
La ciencia no se alimenta de verdades o mentiras de una pieza sino de hipótesis probables e improbables y la verdad es que el argumento de Freud tenia ciertos visos de probabilidad. ¿No es cierto que esas muchachas parecen haber detenido su crecimiento y maduración en un punto que parece indicar que no quieren convertirse en mujeres adultas?
Pero la ciencia es fundamentalmente contraintuitiva y hoy sabemos que los trastornos emocionales no tienen una explicación lineal o facilona. Es inútil tratar de explicarse un fenómeno tan complejo como la anorexia mental a través  de un argumento tan intuitivo como el de Freud.
Así anduvieron las cosas casi hasta bien entrado el siglo XX, todo el mundo parecía haber aceptado que la anoréxica no quiere crecer, no quiere entrar en el mundo de los adultos, de lo que se trataba era de forzarla para que aceptara su condición de mujer o de explorar las razones que la habían llevado a tal rechazo, usualmente una mala relación con la madre o, con menos probabilidad, con el padre.
Pero esta “verdad” chocaba con la evidencia de la observación y la psiquiatria es sobre todo una ciencia observacional: aquello que no podemos explicar puede al menos ser descrito. Y a medida que fueron aumentando las observaciones las descricpiones se convertían en tozudas: la mayor parte de las anorexias se daban en muchachashiperfemeninas que se preocupaban por su atractivo, que eran muy coquetas y presumidas y que estaban constantemente evaluando su atractivo físico al que concedían mucha más importancia que las mujeres termino-medio.
Fue precisamente Gordon el que publicó esta idea en el libro que preside este post al tiempo que acuñó el termino “enfermedad étnica” al relacionar la anorexia mental (los trastornos alimentarios en general) con la opulencia alimentaria y los entornos occidentales.

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