viernes, 12 de junio de 2015

Familias Tóxicas...



"Por encima de todo: Honrarás a tu madre y a tu madre”


Una de las cosas más difíciles en Psicoterapia es integrar todo el dolor que nuestros propios familiares nos propician, sobre todo cuando somos niños.
Los aspectos culposos y vergonzosos del ser humano se gestan dentro del núcleo familiar, para un niño victima de maltrato o de abusos por parte de sus familiares esto es un drama que se articula en multitud de conflictos, por lado la impotencia para poder defenderse y por el otro esa necesidad de amor que no puede ser cubierta por las figuras más importantes para el infante, su padre, su madre y a veces los hermanos.
El gran dilema que esta situación genera es la cantidad de rabia y resentimiento que se anidan en la psique del niño, estando éste obligado a querer a su padres y familiares mal tratadores a pesar del los abusos o malos tratos.
Frases como “la familia solo hay una”, “como la familia no hay nada” nos llevan a creer erróneamente que debemos amar a nuestros verdugos.
Pero ¿cómo puede una niña amar a su padre si este abuso sexualmente de ella o le propinó sendas palizas?.

La idea de la familia perfecta es solo una quimera.

Socialmente somos educados a honrar a nuestros padres, a quererlos pese a todo, pero 
¿Quién defiende la dignidad del niño?
Crecer en un ambiente familiar violento, disfuncional se paga muy caro, pues en la edad adulta ese aspecto de la psique, el Arquetipo de niño-niña herido nos acompaña a lo largo de nuestra vida. Cuando este arquetipo está activo el adulto reacciona emocionalmente al igual que un niño, conectando con ese desamparo y abandono que sufrió en su más tierna infancia.
El arquetipo del niño-a herido está presente en muchos adultos que de forma inconsciente arrastran este dolor a sus espaldas. La falta de amor, de reconocimiento que vive el niño se quedo grabado en su psique y solo con un proceso terapéutico continuado puede ser integrada esta terrible herida en la psique.

El estigma de este arquetipo es el miedo, la inseguridad, el sentimiento de abandono, la falta de autoestima. La manifestación de este arquetipo se articula en enfermedades relacionadas con el aparato digestivo, bucales (dientes), adicciones, bulimia-anorexia, depresión, ansiedad…así como en relaciones basadas en la dependencia afectiva.
El arquetipo del niño-niña herido sería la punta del iceberg, pues si analizamos al clan familiar, a la estructura que conforma la historia de nuestros ancestros podemos vislumbrar que el dolor no es un acto casual, sino que por el contrario forma parte de nuestra novela familiar nos guste o no.

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